LECCIÓN INAUGURAL
 

En Ocación de la Cración del Instituto de Ética, Valores y Desarrollo,
el 25 de Abril del 2006

Información General

La Universidad Americana, UAM, inaugura hoy el Instituto de Ética, Valores y Desarrollo. Comprometida como está con la excelencia académica y con su condición de entidad que promueve el desarrollo nacional a través de la formación de profesionales, asume la responsabilidad de impulsar un Instituto, dedicado al conocimiento, estudio, investigación, promoción y práctica efectiva de la ética, los valores y el desarrollo. Esta idea, que hoy empieza a ser realidad, adquiere particular importancia en la encrucijada del mundo contemporáneo y de manera particular en el momento actual que vive Nicaragua.

Constantemente se escuchan voces que claman por el restablecimiento de la ética y los valores en un mundo que pareciera olvidado de los principales referentes morales, concentrado como está en la lucha de los intereses creados o por crearse y en la búsqueda de la utilidad pecuniaria y patrimonial, casi como único sentido de la vida, razón y acción del ser humano. Las informaciones cotidianas que recibimos por los diferentes medios de comunicación y los datos inmediatos que nos proporciona la propia experiencia personal, parecieran configurar un cuadro sombrío sobre la intención, sentido y dirección del actuar humano de cada día.

El hiper individualismo, la indiferencia y la pérdida del sentido de solidaridad ante la miseria que consume a la mayor parte de la población del mundo; la corrupción, el narcotráfico, la drogadicción, el alcoholismo; la inversión de valores que pronosticaba Hegel a comienzos del Siglo XIX por la que los medios se transformarían en fines y los fines en medios, pareciera haberse cumplido cual siniestra profecía; la acumulación de beneficios y el deseo exacerbado de riquezas; la perversión de la idea y la práctica de la política, son, entre otros, sombríos signos de nuestro tiempo.

¿A que se debe esto? ¿es efectivamente ese el espectáculo desolador que estamos presenciando? ¿vivimos realmente en un páramo frío e inhumano, en un erial de la conciencia en el que se han disecado los sentimientos? ¿o es ésta una visión pesimista y deformada de la realidad? ¿una percepción de las cosas aumentada por los medios de comunicación y por el flujo indetenible de las informaciones que nos crea un mundo que antes no existía porque no existían las posibilidades que hay ahora de conocerlo?.

Posiblemente ambas cosas sean ciertas. La revolución tecnológica ha hecho posible que nos apropiemos de la gran masa de acontecimientos que son noticia cuando convulsionan, por su brutalidad y horror, el espíritu humano. Pero el hecho de que hoy existan medios para conocer más que antes lo malo que acontece, no significa que por esa circunstancia esto desaparezca o quede disminuido su alcance y significado. Hay más medios para conocer los hechos que impactan la conciencia, pero esos hechos existen y de alguna forma, por su masiva repetición se van haciendo día a día más banales en medio de una creciente indiferencia que se refugia en el interés individual que trata de preservar el bien propio e ignorar el mal ajeno.

Junto a la indiferencia y ausencia de solidaridad con lo que ocurre con los semejantes, con el prójimo que es el próximo, se da la intolerancia con lo que respecta a los otros, a los que por cultura, tradición, valores, etnia o condición social son diferentes de nosotros. El infierno es el otro, dijo Sartre. La verdad es mi verdad y la verdad del otro es la mentira que hay que destruir junto a aquellos que la sustentan. Indiferencia e intolerancia, son dos rasgos distintivos de la sociedad de nuestro tiempo.

¿A que se debe esto?. Probablemente al Darwinismo moral prevaleciente, a la selección natural de las especies económicas y sociales, a la pérdida del sentido de responsabilidad, de solidaridad, de sociabilidad, a la indiferencia ante la destrucción de los recursos naturales, a la concepción de la política, no como el arte del bien común, sino como el arte del engaño y la mentira, a la deformación de la idea del Estado, del mercado y del partido como superestructuras a las cuales se subordina la libertad y dignidad del ser humano, a la ausencia de políticas específicas para superar la desigualdad escandalosa, la brecha económica, social, cultural y tecnológica y a la aceptación de tal estado de cosas como un hecho natural, como la puesta en práctica del sálvese quien pueda.

Frente a este cuadro, que parece más dramático cuando nos lo cuentan que cuando lo vemos, porque efectivamente ya no lo vemos, ya no nos afecta lo que vemos, hay, no obstante, una corriente vital que se niega aceptar las cosas como están, que reclaman la vigencia de valores fundamentales que atañen a la libertad y dignidad de la persona y que luchan por preservar o construir un cuerpo de valores que dé sentido al quehacer de la existencia humana.

El renacer de la ética con una fuerza telúrica, es un signo de salud para una humanidad enferma que sin embargo no ha perdido la esperanza de construir un mundo mejor en el respeto y reconocimiento de las identidades y diferencias entre las civilizaciones, culturas y seres humanos. La referencia a los valores y la búsqueda de condiciones de vida compatibles con la dignidad de las personas es una necesidad perentoria.

 


Etica, Valores y Desarrollo
Lección Inaugural
Información General
Ética, Tecnología y Sociedad de consumo
La bioética
El retorno de los sofistas
La unidad en la diversidad
La ética y los derechos humanos
La ética, los valores y la política
El papel de la Universidad en la transmisión de los valores éticos
Ética, valores y desarrollo
Conclusiones
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