Cuando María Alejandra Acuña Villarreal escuchó, en una clase, las experiencias internacionales compartidas por uno de sus docentes, nació una idea que parecía lejana: estudiar un semestre en otro país. Hoy, esa decisión se convirtió en una de las vivencias más transformadoras de su vida universitaria. Gracias a los programas de movilidad académica que impulsa la Universidad Americana (UAM), la estudiante de Administración de Empresas y Negocios Internacionales cursó un semestre en la Universidad de Belgrano, en Buenos Aires, Argentina.
Todo comenzó con una visita a la Dirección de Relaciones Internacionales e Internacionalización de la UAM. Allí conoció el proceso para postularse a uno de los programas de intercambio que la universidad mantiene con instituciones de diferentes países. A través de la Red Latinoamericana de Cooperación Universitaria (RLCU), la Universidad de Belgrano se convirtió en su destino.
“Cuando me animé a preguntar cómo era el proceso, encontré todo el acompañamiento que necesitaba. Desde ese momento sentí que era un sueño que realmente podía cumplir”, recuerda.
Durante seis meses cursó siete asignaturas correspondientes a ambas carreras, las cuales fueron previamente revisadas junto con sus coordinadores para garantizar su convalidación académica. La experiencia le permitió enfrentar un sistema educativo distinto, donde la evaluación se concentra en un examen final que exige integrar todos los conocimientos adquiridos durante el semestre.
Lejos de verlo como una dificultad, María Alejandra encontró en ese reto una oportunidad para crecer. Una de las asignaturas que más la marcó fue Macroeconomía, impartida en un contexto donde la realidad económica argentina se convertía en un laboratorio vivo para comprender fenómenos financieros y empresariales. También destaca la materia Dirección Estratégica, donde descubrió nuevas formas de entender el liderazgo empresarial a través de un enfoque innovador que relacionaba la gestión organizacional con la música y la dirección de orquesta.
Aprendizaje fuera de las aulas
Al decidir vivir en una residencia estudiantil internacional, convivió con jóvenes de Ecuador, Colombia, Francia, Italia y distintas provincias argentinas. Esa experiencia le permitió desarrollar independencia, adaptarse a nuevas culturas y construir amistades que hoy considera parte de su familia.
«El intercambio me cambió la vida. Me abrió la mente, me enseñó una Alejandra que yo no conocía y me hizo salir completamente de mi zona de confort. Aprendí a ser más independiente, a conocer otras culturas y a ver el mundo desde perspectivas diferentes», afirma.
Para ella, la experiencia también representa una ventaja competitiva para su futuro profesional. “Estoy segura de que un intercambio marca una diferencia. No solo fortalece tu currículum; también demuestra que sos capaz de adaptarte, aprender y desenvolverte en entornos internacionales”.
Un encuentro con la historia de Nicaragua
Entre las experiencias más memorables de su estancia en Argentina destaca un encuentro muy especial: conocer al arquitecto Martín Katz Darío, bisnieto del poeta universal Rubén Darío.
El acercamiento fue posible gracias al acompañamiento brindado por la Dirección de Relaciones Internacionales e Internacionalización de la UAM, que facilitó el contacto durante su estancia en Buenos Aires. Más allá del simbolismo del encuentro, la conversación permitió compartir la importancia que Rubén Darío tiene para la identidad cultural de Nicaragua y estrechar vínculos que posteriormente se tradujeron en la donación de tres valiosos ejemplares bibliográficos para la Biblioteca Pablo Antonio Cuadra de la Universidad.
“Cuando era niña declamaba Margarita está linda la mar. Poder conversar con un descendiente de Rubén Darío y contarle cómo vivimos su legado en Nicaragua fue algo que jamás imaginé. Es una experiencia que guardaré para siempre”.
Antes de despedirse, Martín Katz Darío le expresó su deseo de volver a recibirla cuando regrese a Buenos Aires y manifestó su interés de continuar fortaleciendo ese vínculo académico y cultural con la Universidad Americana.
Historias como la de María Alejandra reflejan el impacto que tienen los programas de movilidad internacional de la UAM. Más que estudiar en otra universidad, representan la posibilidad de descubrir nuevas culturas, ampliar horizontes, fortalecer competencias profesionales y regresar con una visión más amplia del mundo.
Porque en la UAM, las oportunidades de internacionalización no solo llevan a los estudiantes a conocer otros países; los preparan para convertirse en ciudadanos globales capaces de transformar su entorno.
















